Voy a hacer un trámite en el local que está a mitad de cuadra. Llego con mi moto, y para mi comodidad, la «estaciono» justo en la puerta. Ni en la esquina en el espacio asignado, ni en la calle como lo hacen los autos. No, en la vereda y en la puerta. Total, ¿a quién molesto? A muchos, a todos. La ocupación de los espacios públicos es uno de los principales reclamos que se tiene últimamente en relación al tránsito. Puntualmente piden soluciones por la obstrucción que generan en las veredas el incorrecto estacionamiento de motos y autos. 

En las redes sociales se está denunciando principalmente la incorrecta ubicación de motocicletas en aquellas aceras donde la circulación de peatones es constante y fluida durante gran parte del día; y sucede lo mismo con los automóviles que se colocan en las entradas de los garages, independientemente si esa propiedad es o no del dueño del auto.

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En inmediaciones de bancos y edificios públicos es notorio el incumplimiento a las normativas y esto lo padecen las personas con alguna incapacidad motriz o bien las madres que llevan a sus hijos en cochecitos. 

Lo mismo sucede con quienes dejan sus autos estacionados sobre una senda peatonal o rampa para personas discapacitadas ya que provocan contratiempos e impiden una normal integración.

Sobre este tipo de reclamos, que ahora son frecuentes, en su momento el Municipio había puesto en marcha una serie de operativos para evitar que esto suceda, pero lamentablemente se dejaron de llevar adelante los controles y hoy las veredas son una carrera de obstáculos. La gente se comporta mal, totalmente desaprensiva con la realidad ajena y priorizando su comodidad. Y tras cartón, las autoridades no sancionan. Cuando lo hacen, se oye el reclamo perenne de por qué me sacan la moto que es mi herramienta de trabajo, con algún que otro adjetivo más para el inspector, al que cual si fuera un policía lo mandan a que vaya a buscar a los «chorros» y no a los trabajadores. Pero resulta que, aunque trabajador, estamos frente a un infractor. Y así seguimos, sin solución de continuidad, pero sobre todo sin que nos importe un bledo el otro.

Esta infracción, hoy, prácticamente no se castiga: las multas labradas por el estacionamiento de estos rodados en la acera representan una ínfima parte del total de las faltas sobre automóviles y motos que cobran los agentes de Inspección General y eso los conductores lo saben porque si las multas se tomarían, nadie se comportaría de esta forma.  

La normativa sobre el estacionamiento de las motos es muy clara, especifica que estos rodados «no deben circular por aceras ni por áreas reservadas exclusivamente a peatones». Y en el caso de las motocicletas que se utilicen para la actividad de entrega a domicilio de mercadería o cosas, pueden acceder por la acera hasta el lugar de destino con el motor detenido y por el tiempo estrictamente necesario para cumplir dicha operatoria.

Pese a la prohibición, las veredas son usadas como sitio provisorio para dejar las motos, algo que las autoridades no castigan. 

Ante esta situación los propios motociclistas aducen que «no hay lugar» en los espacios reservados para motos y reclaman «más metros para dejar sus motos» principalmente en el radio céntrico de la ciudad.

Fuente La Opinión

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