A través de una resolución conjunta, durante el gobierno de Mauricio Macri, cambiaron el código alimentario lo que permitió el ingreso a las góndolas a las Bebidas Lácteas o Bebibles, un alimento ultra procesado que no sustituye a la leche y que es de baja calidad nutricional.

Los «Bebibles» ocupan un lugar cada vez más importante en las góndolas de lácteos, entre los yogures y las leches pero no son ninguna de las dos cosas.

Qué son las Bebidas Lácteas

En noviembre de 2018 se publicó en el Boletín Oficial una Resolución Conjunta entre la Secretaría de Gestión y Regulación Alimentaria y la Secretaría de Alimentos y Bioeconomia. Uno de los impulsores fue Andrés Murchison, secretario de Alimentos y Bioeconomía del Gabinete de Luis Etchevehere, ministro de Agroindustria de la Nación bajo la presidencia de Mauricio Macri.

Murchison es un productor ganadero del sur cordobés, activo defensor en las redes de los tractorazos y partidario de la disminución de impuestos a los grandes productores y exportadores.

Esa misma resolución explica, en su punto 3.2, que “se entiende como ingredientes de origen lácteo: leche y/o leche reconstituida (estandarizadas o no en su contenido de materia grasa) y/o sueros y/o cultivos de bacterias específicas y/o bífidobacterias, leches fermentadas, leche concentrada, crema, manteca, grasa anhidra de leche o butteroil, leche en polvo, dulce de leche, caseinatos alimenticios, proteínas lácteas –concentradas o no–”. Para ser considerada Bebida Láctea debe estar constituida en un 51% por alguna de estas cosas.

El texto de la resolución argumenta que la modificación al Código Alimentario se sustenta en que «la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destacó la importancia de los sueros como una de las fuentes de proteínas de origen animal que no están plenamente integradas a las cadenas de producción de alimentos para la población humana”. Para resolver esa integración del suero, a la industria y a los funcionarios macristas se les ocurrió incorporarle saborizante y colorante, empaquetarlo como si fuera yogur o leche, ponerle un nombre ambiguo e introducirlo en las heladera de los lácteos y aclarar en letra muy pequeña que: “No es sustituto de la leche

“Las marcas aprovechan la segmentación destinada a los sectores mas empobrecidos para vender los subproductos como el suero que antes se tiraba o se usaba para el consumo de animales, reconvertidos ahora para consumo humano. Es un deterioro real y un insulto a las familias que hacen con su dinero lo que pueden”, alerta Soledad Barruti, autora de los libros Malcomidos y Mala Leche.

Hay tres marcas principales de este producto, al menos en los super e hipermercados. La primera y más cara, alrededor de 230 pesos, es La Serenísima. Le sigue en precio y exposición La Armonía, con un precio casi 40% menor, de 130 pesos, y en último lugar, García, una marca que hasta el momento hacía punta con las ricotas y los quesos, y parece que la empujaron para que sea cola de ratón en este rubro. Las tres marcas pertenecen a Mastellone Hermanos, la empresa que absorbe casi el 65% de lo que factura la industria láctea en las grandes cadenas.

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), esa cifra se eleva al 72% en el rubro de las leches fluidas no saborizadas. En el segmento de las «Bebibles», no hay cifras difundidas de ventas, pero no es difícil imaginar qué sucede toda vez que las tres principales marcas de un producto son de la misma empresa.

La industria alimenticia es una de las de mayor lobby y enfrentó con fuerza la ley de Etiquetado Frontal. En muchos casos salen productos con supuestos beneficios defendidos a través de estudios de centros de investigaciones relacionados a esas mismas empresas: “las recomendaciones que se hacen para cubrir calcio se basan en investigaciones financiadas por la misma industria láctea, investigaciones con conflicto de intereses, recomendaciones de nutrientes que no se actualizaron”, subraya la nutricionistas.

Fuente Minuto Uno

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