La preocupación por el aumento de casos recordó una verdad olvidada: el Mal de los Rastrojos sigue presente. Aunque el trabajo realizado por la ciencia para controlar las grandes epidemias es tomado en el mundo como modelo, en lo cotidiano se la piensa como algo del pasado. Volver sobre la historia resulta, una vez más, un ejercicio necesario para acercar al presente los instrumentos que se tienen para prevenirla o tratarla.

La semana pasada, la preocupación expresada por la Sociedad Argentina de Infectología (Sadi) por el aumento de casos de Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA) fue el señalamiento de una situación que está llamada a ser atendida por el conjunto de la sociedad, considerando que, la prevención y control de esta enfermedad endémica compromete la participación activa de diferentes actores, entre ellos los responsables del Programa Nacional de Prevención y Control de la FHA, la comunidad médica y la población general.

La Fiebre Hemorrágica Argentina es una enfermedad viral aguda y potencialmente grave para la cual existen una vacuna preventiva y un tratamiento específico. Sin embargo, por diversas razones, hay un alto porcentaje de la población del área endémica que aún no ha recibido Candid I; y no todos los pacientes con sospecha de «Mal de los Rastrojos» acceden al tratamiento con plasma inmune de manera oportuna, algo que condiciona severamente la evolución de los cuadros, que en algunos casos desencadenan en muertes evitables.

Instaurar una percepción real de riesgo no significa de ningún modo generar temor sino, por el contrario, mantener las alertas que son las que permiten sospechar tempranamente y tomar a tiempo medidas para evitar brotes epidémicos que vuelvan a traer al presente epidemias que habían quedado atrás.

Recordar de qué se trata

Socialmente, quizás la primera tarea sea recordar de qué hablamos cuando hablamos de Fiebre Hemorrágica Argentina. Conocida históricamente como «Mal de los Rastrojos», se trata de una enfermedad viral aguda grave, producida por el virus Junín (Familia Arenaviridae) que se transmite entre roedores. El reservorio principal es el Calomys musculinus, llamado «ratón maicero», un animal común en ámbitos rurales, domésticos y en hábitat lineales (caminos, sembradíos o líneas férreas). El ser humano es un huésped accidental a partir del contacto directo con secreciones y excretas de roedores que se aerosolizan e ingresan por vía respiratoria o por heridas de la piel.

Es una enfermedad endemo-epidémica en Argentina y abarca una extensa zona geográfica dedicada a la actividad agrícola que incluye el sur de Santa Fe, sur de Córdoba, norte, centro y sudeste de Buenos Aires y noreste de La Pampa, y se estima que la población en riesgo alcanza los cinco millones de personas.

La enfermedad se presenta como un síndrome febril agudo inespecífico sin compromiso de las vías aéreas y el periodo de incubación es de una a dos semanas.

Entre los síntomas pueden aparecer fiebre (38,5-39°C), cefalea, dolor retro-ocular, malestar general, cansancio, erupción en la piel (enrojecimiento del tronco superior), sarpullido en membranas mucosas, hemorragia en la encías y dolores articulares. Luego del octavo día puede desarrollar alteraciones hemorragíparas, renales y neurológicas graves y sin tratamiento la mortalidad alcanza el 30 por ciento. 

Entender que para contraer el virus no hace falta estar en el campo; saber que la vacuna está disponible y que en el caso de enfermar existe un tratamiento probadamente efectivo si se aplica de manera temprana; y entender que es necesario acudir al médico ante la aparición de síntomas sin subestimarlos, son, en el contexto actual, conceptos vitales que cada uno debe instalar en la conciencia individual.

En el plano sanitario, en tanto, mantener activa la vigilancia y reforzarla, profundizar los estudios sobre la enfermedad y sospechar de ella ante la aparición de cualquier síndrome febril inespecífico para realizar con celeridad el diagnóstico diferencial, resultan acciones vitales para propiciar cuidados colectivos frente a un mal que en esta región ha dado sobrados testimonios de su virulencia. 

Candid I y otras acciones para prevenir

La vacuna Candid I, producida por el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas «Doctor Julio Maiztegui», es el instrumento de prevención más efectivo contra la Fiebre Hemorrágica Argentina. Desde el año 2007 está incluida en el calendario nacional de inmunizaciones para mayores de 15 años; se aplica de manera gratuita en los vacunatorios oficiales del área endémica; y una única dosis otorga protección durante toda la vida.

Quizás como ningún otro de tanta importancia para esta región, su desarrollo ha sido la resultante de un arduo y sostenido trabajo científico que debió dar duras batallas y sortear no pocos obstáculos. Tras varios años de haberse interrumpido su producción, por razones presupuestarias, en 2021 su elaboración se reestableció. Entre los objetivos trazados por las actuales autoridades sanitarias nacionales aparece el compromiso de «seguir reuniendo evidencias para su incorporación al calendario de vacunación pediátrica»; avanzar en «estudios de coadmnistración con otras vacunas»; y «trabajar con la Anmat en la termoestabilidad para simplificar la gestión e implementación de la vacunación».

Desde la implementación de la vacunación se logró una importante reducción de la incidencia de FHA y se modificaron los patrones de riesgo. Sin embargo, no toda la población en condiciones de recibir la vacuna está vacunada, algo que responde a múltiples causas y atenta contra el adecuado control de la enfermedad. 

Por un lado, la idea errónea de que se trata de «una enfermedad del pasado»; y por el otro la representación equivocada de que solo deben recibir Candid I quienes viven o trabajan en el campo, dificultan el cumplimiento de los esquemas de inmunización y esto preocupa por lo que significa que, teniendo una vacuna probadamente efectiva, la población no esté debidamente protegida.

A la par de la inmunización, y atendiendo a que el reservorio del virus Junín es un roedor que habita no solo en zonas rurales, las medidas de saneamiento ambiental constituyen pilares en la prevención. Cuidar la higiene, el lavado de manos y mantener desmalezados patios, jardines y baldíos donde puedan anidar roedores resultan medidas fundamentales. Lo mismo que tomar recaudos al trabajar o realizar actividades de esparcimiento en la periferia de zonas rurales donde el contacto con roedores representa un riesgo potencial.

Plasma inmune, el tratamiento

El tratamiento específico para la Fiebre Hemorrágica Argentina es la administración temprana de suero hiperinmune, o plasma de convaleciente, que se indica ante la sospecha clínica, dentro del octavo día del inicio de los síntomas. 

Su desarrollo fue el fruto del trabajo realizado por el doctor Julio Maiztegui y un grupo de científicos que logró probar su efectividad. El plasma se obtiene de la donación voluntaria que realizan las personas que han tenido FHA y se han recuperado. 

El Banco de Plasma funciona en el Instituto Maiztegui y en los últimos años se ha avanzado en un proceso de descentralización orientado a garantizar el acceso con la premura que requiere el tratamiento. Tan importante como la extracción del plasma es la titulación de anticuerpos de ese suero y la estabilidad de esos anticuerpos que son los que logran neutralizar al virus Junín y evitar la progresión de la enfermedad. Por eso es tan importante la tarea de selección de donantes y su fidelización, además del control riguroso que se haga de este proceso.

La sospecha temprana

En la efectividad del tratamiento tiene una importancia superlativa la sospecha temprana, ya que los pacientes deben recibir la transfusión de las unidades de plasma durante los primeros días de aparición de la sintomatología

La Fiebre Hemorrágica Argentina se manifiesta con signos que pueden ser compatibles con otras enfermedades -incluso Covid-19-, y por esta razón la sospecha temprana y el diagnóstico diferencial resultan aspectos cruciales para el adecuado abordaje de los pacientes.

Si bien es cierto que desde el punto de vista diagnóstico la pandemia de Covid-19 ha generado que ante un síndrome febril inespecífico la primera alarma sea la posibilidad de una infección por Sars-COV 2, no menos real es que en el contexto epidemiológico actual debe sospecharse de Fiebre Hemorrágica Argentina para poder tomar las medidas adecuadas. 

Así como en la población general hay escasa percepción del riesgo, la baja incidencia durante los últimos años ha hecho que esto también se replique en la comunidad médica, que no siempre presume un cuadro de FHA ante la aparición de una determinada clínica y esto condiciona la posibilidad de que algunos pacientes puedan acceder al tratamiento o lo hagan de manera tardía. 

En este aspecto, el mensaje de la Sociedad Argentina de Infectología fue contundente en relación a la importancia del diagnóstico oportuno y el tratamiento temprano.

Fuente La Opinión

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